Natura Albufera

La siega del arroz en la Albufera de Valencia: cuando la marjal se viste de oro

Cada año, con la llegada de septiembre, el paisaje de l’Albufera de Valencia vuelve a transformarse. El verde intenso que ha dominado los arrozales durante buena parte del verano deja paso lentamente a los tonos amarillos y dorados de las espigas maduras.

Es la señal que agricultores y vecinos conocen bien: ha llegado el momento de la siega del arroz.

Durante unas semanas, las máquinas vuelven a recorrer los campos, el sonido de las cosechadoras se mezcla con el de las aves y la marjal entra en una de las etapas más importantes de su calendario agrícola. Es el final de meses de trabajo, pero también uno de los momentos más bonitos para contemplar el paisaje de l’Albufera.

El final de un ciclo que comienza muchos meses antes

La siega es solamente el último capítulo de un proceso que prácticamente ocupa todo el año.

Después de la inundación invernal conocida como perellonà, los campos se vacían para preparar y nivelar la tierra. Con la llegada de la primavera vuelven a recibir agua y, generalmente a principios de mayo, comienza la siembra.

Durante los meses siguientes el arroz crece dentro de los campos inundados hasta formar ese enorme manto verde que rodea buena parte de l’Albufera durante el verano. En la primera mitad de agosto comienza a retirarse el agua de los arrozales para preparar el terreno para la cosecha y, durante septiembre y octubre, se realiza la recolección.

Es entonces cuando el paisaje cambia por completo.

Las espigas se inclinan por el peso del grano, los campos adquieren su característico color dorado y comienza una carrera contra el tiempo para recoger el arroz cuando ha alcanzado el punto adecuado de maduración.

Siega del arroz en la albufera de valencia

De la hoz a la cosechadora

Hoy la mayor parte del arroz de l’Albufera se recoge mediante modernas cosechadoras capaces de cortar las plantas y separar el grano en una misma operación. Es un trabajo mucho más rápido que hace unas décadas y permite recoger grandes superficies en relativamente poco tiempo.

Pero durante generaciones la historia fue muy distinta.

La siega se realizaba de forma manual y obligaba a los trabajadores a pasar largas jornadas dentro del arrozal. Con la hoz se iban cortando las plantas, que después se agrupaban para facilitar su transporte y posterior separación del grano.

Era un trabajo físico, repetitivo y especialmente duro por el calor, la humedad y las condiciones del terreno.

Las demostraciones de siega manual que todavía se realizan en algunas celebraciones tradicionales permiten hacerse una idea de lo que suponía aquella faena. Incluso se han recuperado los cants de batre, los cantos tradicionales que acompañaban algunas de las labores relacionadas con la cosecha y la trilla del arroz.

Lo que hoy contemplamos durante unos minutos como una escena cargada de tradición fue durante muchas generaciones el trabajo cotidiano de cientos de familias de los pueblos de la marjal.

Siega del arroz en la albufera de valencia

Un paisaje completamente diferente

Una de las cosas más fascinantes de l’Albufera es que nunca ofrece exactamente el mismo paisaje.

Quien visite la zona en primavera encontrará terrenos recién preparados y campos que comienzan a inundarse. Al principio del verano predomina el verde. En agosto aparecen las primeras espigas y, cuando llega septiembre, los arrozales se convierten en enormes extensiones doradas.

Después pasan las cosechadoras y los campos vuelven a mostrar los tonos ocres y marrones de la tierra y del rastrojo.

Y todavía queda otra transformación.

Cuando termina la cosecha y llega la perellonà, numerosos arrozales vuelven a inundarse. Durante el invierno, el paisaje recupera el agua y los campos se convierten de nuevo en un hábitat fundamental para numerosas aves acuáticas. El calendario agrícola y el calendario natural vuelven así a encontrarse.

El arroz, mucho más que un cultivo

Hablar de arroz en l’Albufera es hablar también de la propia historia del territorio.

El cultivo fue expandiéndose especialmente desde finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, transformando progresivamente grandes superficies de marjal. Con el paso del tiempo se creó un paisaje agrícola profundamente unido a la gestión del agua mediante acequias, canales, compuertas y los característicos tancats.

Esa relación entre el agua y el arroz explica buena parte del paisaje que conocemos actualmente.

Y, por supuesto, también explica la gastronomía.

Mucho antes de que la paella viajara por medio planeta, el arroz ya formaba parte de la alimentación y de la vida cotidiana de los habitantes de l’Albufera.

El cereal cultivado a pocos metros de las casas terminó formando parte de recetas profundamente vinculadas a este entorno y hoy sigue siendo uno de los símbolos gastronómicos más reconocibles de Valencia.

Siega del arroz en la albufera de valencia

¿Qué ocurre con la paja después de la siega?

Cuando la cosechadora recoge el grano, en los campos queda una enorme cantidad de paja.

Su gestión es una parte importante del final de la campaña porque l’Albufera no es únicamente una zona agrícola: también es un espacio natural protegido.

Entre las alternativas empleadas se encuentran la retirada y aprovechamiento de la paja o su triturado e incorporación al terreno.

Son labores que quizá pasan desapercibidas para quien simplemente observa el paisaje, pero que forman parte de ese delicado equilibrio entre agricultura y conservación que caracteriza a l’Albufera.

Septiembre, un momento especial para descubrir l’Albufera

La época de la siega ofrece una imagen de l’Albufera completamente diferente a la del resto del año.

Los arrozales dorados, las cosechadoras trabajando a pocos kilómetros del lago, las aves buscando alimento entre los campos recién segados y la luz de finales del verano crean uno de los paisajes más característicos de la marjal.

Es también un buen momento para recorrer la zona con calma y entender que l’Albufera no es únicamente el lago.

Es agua, arrozales, acequias, agricultores, pescadores, aves, barracas, barcas y pueblos que llevan generaciones viviendo alrededor de este espacio.

Desde Natura Albufera queremos que quienes nos visitan conozcan también esa parte de su historia. Nuestros paseos en barca permiten descubrir el paisaje desde el agua y comprender mejor la estrecha relación que siempre ha existido entre el lago, la marjal y las personas que viven junto a ellos.

Porque septiembre puede resumirse con una imagen muy sencilla: cuando el arroz se vuelve dorado, l’Albufera nos está avisando de que otro ciclo llega a su fin.

Siega del arroz en la albufera de valencia

 

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La birbà del arroz: una tradición de l’Albufera