Cuando pensamos en l’Albufera de Valencia, lo primero que nos viene a la cabeza es su gran lago, las barcas tradicionales, los arrozales o esas puestas de sol capaces de detener durante unos minutos hasta al visitante más impaciente. Sin embargo, el Parque Natural de l’Albufera es mucho más que su laguna.
Entre el Mediterráneo y el lago encontramos uno de sus espacios naturales más interesantes y, quizá, menos conocidos: la Devesa del Saler.
Un paisaje formado por playas, dunas, pinares, matorral mediterráneo y pequeñas depresiones conocidas como malladas. Pero la Devesa es mucho más que un bonito bosque junto al mar: su formación está íntimamente ligada al nacimiento de la propia Albufera.
La barrera natural que hizo posible l’Albufera
Para entender la importancia de la Devesa debemos viajar miles de años atrás.
La costa valenciana que conocemos hoy era muy diferente. Los ríos y barrancos transportaban sedimentos hasta el Mediterráneo y las corrientes marinas fueron acumulando estos materiales frente a la costa.
Poco a poco se formó una larga barra de arena paralela al litoral, denominada restinga. Sobre ella, la acción del viento fue creando dunas que posteriormente comenzaron a ser colonizadas por vegetación.
La configuración geológica que dio lugar a este paisaje comenzó a desarrollarse hace aproximadamente 5.000-6.000 años. Aquella barrera arenosa fue cerrando progresivamente una antigua zona marina y separándola del Mediterráneo. Detrás de ella quedó el espacio que acabaría convirtiéndose en l’Albufera.
Dicho de una forma sencilla: sin esta franja de arena y dunas, l’Albufera tal y como hoy la conocemos no existiría.
La Devesa constituye precisamente una de las partes mejor conservadas de esa barrera litoral.
Un paisaje que cambia en apenas unos cientos de metros
Una de las cosas más curiosas de recorrer la Devesa es comprobar cómo cambia completamente el paisaje desde la orilla del Mediterráneo hacia el interior.
Junto a la playa encontramos las dunas más jóvenes y móviles. Aquí las condiciones son especialmente duras: viento constante, salinidad, altas temperaturas en verano y un suelo formado casi exclusivamente por arena.
Las plantas que viven en esta zona se han especializado durante generaciones para soportar estas condiciones. Son capaces de resistir el viento marino, la escasez de agua e incluso el desplazamiento constante de la arena.
A medida que nos alejamos del mar aparecen dunas más antiguas y estabilizadas, sobre las que se desarrolla una vegetación cada vez más abundante. Finalmente surge el paisaje que muchos valencianos conocemos simplemente como el pinar del Saler.
Pero bajo los pinos se esconde bastante más vida de la que parece.
Mucho más que un pinar
El pino carrasco es probablemente el árbol más visible de la Devesa, pero no está solo.
En las dunas interiores aparece una auténtica comunidad vegetal mediterránea formada por especies como el lentisco, mirto, labiérnago o espino negro, acompañadas por plantas trepadoras como la zarzaparrilla y la madreselva. También encontramos palmitos y otras especies perfectamente adaptadas al clima mediterráneo.
Esta variedad vegetal tiene además una función fundamental.
Las dunas actúan como una primera barrera frente al viento y al ambiente salino procedente del Mediterráneo, protegiendo la vegetación situada más al interior. El resultado es una sucesión de pequeños ecosistemas diferentes concentrados en relativamente poco espacio.
Por eso caminar desde la playa hacia l’Albufera es casi como atravesar distintos paisajes sin abandonar nunca el mismo espacio natural.
Las malladas: pequeños humedales escondidos entre las dunas
Uno de los elementos más peculiares de la Devesa son las malladas.
Se trata de pequeñas depresiones situadas entre las dunas donde el suelo se encuentra a una cota inferior. Durante los periodos lluviosos pueden inundarse y parecer pequeñas lagunas, mientras que durante el verano muchas llegan a secarse completamente.
Al evaporarse el agua aumenta además la concentración de sales del suelo.
Esto crea unas condiciones muy particulares y provoca que la vegetación se distribuya según su capacidad para soportar la humedad y la salinidad. En determinadas malladas pueden observarse juncos, plantas suculentas y otras especies especializadas en este peculiar ecosistema.
Son uno de esos lugares que pueden pasar completamente desapercibidos si no sabemos qué estamos mirando.
Y ahí está precisamente parte de la magia de l’Albufera: cuando conocemos cómo funciona el paisaje, empezamos a verlo de otra manera.
Un espacio natural que estuvo a punto de desaparecer
La Devesa que podemos recorrer actualmente no llegó intacta hasta nuestros días.
Durante las décadas de 1960 y 1970 se desarrollaron importantes proyectos urbanísticos en la zona. Se modificaron dunas, se rellenaron malladas y se construyeron carreteras, edificios y otras infraestructuras.
La oposición ciudadana frente a aquella transformación quedó especialmente vinculada al movimiento “El Saler per al poble”. Finalmente, en 1981 el Ayuntamiento de Valencia paralizó el proceso urbanizador y orientó la gestión de la Devesa hacia la conservación y recuperación de sus ecosistemas.
Desde entonces se han realizado numerosos trabajos de restauración ambiental, incluyendo la reconstrucción de sistemas dunares y la recuperación de malladas y especies características como el enebro marino.
Por eso algunas de las dunas que hoy parecen completamente naturales son también el resultado de décadas de recuperación ambiental.
De la Devesa al lago: dos paisajes que forman parte de la misma historia
Visitar únicamente el lago permite conocer una parte de l’Albufera. Recorrer la Devesa permite entender por qué el lago está ahí.
Y combinar ambas experiencias es probablemente una de las mejores formas de descubrir el Parque Natural.
Una mañana puede comenzar caminando entre las dunas y pinares del Saler, observando cómo cambia la vegetación a medida que nos alejamos del Mediterráneo, y continuar después hacia El Palmar, donde el paisaje vuelve a transformarse completamente.
Las dunas desaparecen. Aparecen los arrozales, las acequias, los canales y finalmente la gran lámina de agua de l’Albufera.
Y es precisamente desde el agua donde se obtiene otra perspectiva completamente diferente del entorno.
Descubrir l’Albufera desde una barca tradicional
En Natura Albufera queremos que la visita al Parque Natural sea algo más que llegar, hacer una fotografía y marcharse.
Nuestros paseos en barca por l’Albufera permiten adentrarse en el paisaje, conocer su historia, descubrir su biodiversidad y entender la relación que durante generaciones ha existido entre las personas y este humedal.
Desde El Palmar navegamos entre canales, arrozales y espacios frecuentados por numerosas especies de aves. La experiencia puede disfrutarse en familia, en pareja o con amigos y también contamos con paseos privados, recorridos ornitológicos y salidas para contemplar la puesta de sol desde la propia Albufera.
Porque después de conocer cómo la Devesa ayudó a separar la laguna del Mediterráneo hace miles de años, navegar por esas aguas permite contemplar el paisaje con otros ojos.
Una Albufera que merece ser descubierta despacio
La Devesa, las dunas, las malladas, los arrozales, el lago, las aves, las barracas y las poblaciones que han vivido tradicionalmente alrededor del humedal forman parte de una misma historia.
Visitar l’Albufera significa descubrir todos esos paisajes y comprender cómo se relacionan entre ellos.
Puedes comenzar caminando frente al Mediterráneo y terminar el día contemplando cómo el sol se esconde desde una barca en mitad de l’Albufera.
Dos paisajes aparentemente distintos, separados apenas por unos kilómetros, pero unidos desde hace miles de años.
En Natura Albufera te invitamos a descubrir una de las partes más especiales de ese recorrido: l’Albufera desde dentro, navegando por sus aguas y conociendo la historia y la naturaleza que la hacen única.



